Cuando el miedo nos retiene…




El miedo es una emoción que nos pone en alerta porque es indicadora de peligro. Nos habla de la existencia de una amenaza de la cual nos debemos defender o preservar. Activa el mecanismo fisiológico de ataque / huida produciendo la adrenalina necesaria para reaccionar veloz y efectivamente ante la amenaza.


El conflicto que surge con el miedo es que el peligro percibido no siempre es real y correspondiente al momento presente. Muchos miedos surgen de componentes imaginarios, pensamiento y fantasías, pasados o futuros y generan ansiedad: reacciones desmedidas sobre sucesos potenciales.

El miedo requiere una acción de autopreservación, es decir, cuidarse para mantenerse vivo. Cuando esa reacción es la respuesta a un peligro real y del momento presente, esta es correspondiente y autoprotectora. Pero cuando es la respuesta a un peligro imaginario, se convierte en autolimitante y paralizadora.

Como emoción, el miedo muchas veces nos retiene, nos secuestra e inmoviliza. Nuestros procesos mentales parecen ralentizarse y nuestra comprensión racional desaparece. ¿Cómo se regula el miedo, entonces, si no podemos razonar con él? Una posibilidad es a través de estrategias corporales de movimiento y respiración que nos permitan rebalancear la percepción sensorial y cognitiva.

También es importante conocer los miedos y comprenderlos. ¿De dónde vienen? ¿Qué activan? Cada miedo tiene su historia y conocerla nos ayuda a regular la emoción. Nos permitirá evaluar el camino del miedo: real o imaginario, presente, pasado o futuro, memoria o fantasía, interno o externo…

Principalmente tenemos miedo al dolor y cualquier estímulo que se perciba como potencialmente doloroso, física o emocionalmente, activa el miedo. Todo dolor emocional potencial es un riesgo. Y también tenemos miedo a la perdida de la vida, propia o ajena y por ende, todo lo que ponga en peligro la vida, de manera real o potencial, activa el miedo.

Como emoción evolutiva, el miedo a lo peligroso o amenazante es preservador de vida y ha permitido que la raza humana siga existiendo.

Aprender a moverse con los miedos es el desafío. Conocerlos, expresarlos, atravesarlos de manera que no nos limiten es algo posible de aprender y lograr.


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